mauseb

continuación de la nada

In dimensiones on julio 18, 2009 at 23:47

(Mitad inconfundiblemente 2ª) 

(Atenuante)

Todo sobre, e incluida, la Nada;
solo de la Nada pero
no toda;
de la nada hay más;
algunos de sus entomos, pues son muchos.

Una reflexión que se me ocurrió con el retardo usual en los tempera­mentos activísimos que se alaban en todas las biografías, es la de que el inverificable lector de “Papeles de Recienvenido” quizá no se decidió a creer hasta hoy que ese libro era el principio de la Nada. Para que no vacile más, me pareció un deber caracterizar mi nuevo trabajo como de continuación de ella. Ya no esperará más aquel lector para exclamar: “¡Bien me lo parecía, aquello era el Comienzo de la Nada!”. Ahora los lectores de Recienvenido comprenderán que la Nada y su Ayudante han empezado. Y hasta sabrán que es continuable.
La nada por imperativo de su concepto es tan opuesta de lo grosero del realismo que ofrece la dificultad, luchando con la cual me verá el lector actual si llega a lector siguiente o posprefacial, de que quien la trabaja tiene muchos momentos en que no sólo no sabe si está escribiendo la segunda o la primera parte, sino aun de si ha acertado con la nada, y si certeramente es de ella que está tratando. Y eso que quien con ella mucho trato tenga le notará hasta insolencia en su catadura Existencial.
Un presentimiento de este arte noble de la nada por la palabra hay ya en todas las obras inconclusas -cartas no contestadas, discursos, sinfo­nías, estatuas truncas-de las cuales un inexperto o grosero en lo artístico lamentaría que por una adversidad o catástrofe no hayan seguido; yo las encuentro que tocan a lo artístico, precisamente en lo que les falta, que son como especies de comienzos del no empezar, de llegar por lo menos a lo de entrada inacabable, o sea al noble cultivo de la nada.
Amo y cultivo la nada insolemne, no me refiero a la nada voluminosa en páginas de tanto discurso y “memorias”. Sería deplorable que el lector se extraviara en lo existente cuando yo le prometo como único arte pasearlo en las espesuras de la nada.
Comience, pues, la nada y no con poco bulto; como ocupa lugar, sólo lo que quepa de ella en este libro tendrá el lector. Pero no la piense concluida.
Debo aclarar, autobiográficamente, en estas notas con la nada perse­guida, que mi afición al lleno de los vacíos se me manifestó de entero desde joven. Cuando ya lo era, hice una frase atrozmente literata como ésta: “Ido el Sol, el mundo se llena de su ausencia”; después en crónica literaria esta otra: “Este libro viene a llenar un gran vacío, con otro”. Me ocurrió, en fin, para llenar algo, pues no duraba vacío conmigo, integrar un terceto sumándome a un dúo. Helo aquí: Un amigo había escrito un libro de título “Hacia la Vida intensa”; años más tarde, otro amigo encantador publicaba a su vez “Hacia la Nada”, satisfaciendo una íntima preocupación de su temperamento negador de las posesiones de la vida. Queriendo integrar con ellos un terceto armonioso, llegó a ocurrírseme por fin proyectar mi libro “Hacia la Nada intensa”, que nunca se publicó. (De paso señalaré un vacío: el bibliográfico de un libro que falta sobre las industrias del vacío.)
Viniendo a mi libro, querido lector, espero que reconoceréis que también es de los que tiene el mérito de llenar un vacío con otro, como todos los libros. Viene a colmar ese gran vacío que han cubierto todas las solemnidades escritas, habladas, versificadas, desde miles de años, tanto vacío que no se entiende cómo ha podido caber en el mundo. Con la diferencia de que el vacío que llena con otro mi libro es su verdadero asunto. Hay que descomponer la última de las cinco parejas inmortales: Sócrates y Platón, Plauto y Terencio, Cástor y Pólux, Héctor y Paris, Solemnidad y Esterilidad; cuando lo serio va con lo solemne, es que lo serio no va: lo mío no va solemne porque no es estéril: por fin tendréis la Nada.
He anunciado, pues, que en “Papeles del Recienvenido” dejé antici­pada con positivo volumen a la Nada, en su primera mitad, como espero que haya sido unánimemente conocido por los entendidos. Consagración tan pronta y aguda me hizo ya “autor comprendido” con solo principiar. Es serio que yo dé la mitad con final, la segunda, bien diversificada parte, aunque sea una lástima que la Nada se concluya. Pero ¿siempre ha de aumentar?

Macedonio Fernández

samuel tesler y megafón

In dimensiones on julio 18, 2009 at 21:08

 

Jacobo FijmanCon chasqui tan incierto Megafón había enviado al filósofo el siguiente mensaje:

“Señor don Samuel Tesler. S/manicomio en la calle Vieytes. Inolvidable maestro: no habría yo intentado forzar la prisión injusta en que una ignorancia ya irredimible lo tiene recluido, si la empresa riesgosa en que me hallo no reclamara el auxilio de una prudencia que, como la suya, es tan notoria en Buenos Aires como su misma genialidad. El portador (un alma bajo cuya estolidez aparente se esconde la proverbial astucia del lince) le adelantará el proyecto de una evasión que se ha de poner en obra si acepta usted la invitación que le formulo en el nombre de una batalla posible. Lo admira y lo quiere

Megafón.”

El Autodidacto, al dosificar los ingredientes de su mensaje, había entendido que ocho gramos de adulación y uno de intriga bastaban a su intento de atraer al filósofo. Y cuarenta y dos horas más tarde Capristo le traía la respuesta que sigue:

“A Megafón o como se llame. Tristísimo señor: la misiva incongruente que ha tenido usted el honor de mandarme corrobora de nuevo mi vieja teoría sobre ‘el mulatismo intelectual’ que aflije a esta próspera y desdichada República. Un mulato físico de las Antillas, por ejemplo, con igual inocencia morderá una banana gigante, pondrá en órbita un satélite o bailará un guaguancó africano haciendo redoblar sus talones huesudos, como lo hice yo alguna vez cuando me las entendía con Federico Nietzsche y su agradable mona dionisíaca. ¿O cree usted que el genio es una cosa de soplar y hacer botellas? Pero sólo a un mulato psíquico de su talla, cruza evidente de galo y esquimal, podría ocurrírsele la ofensa de titular ‘manicomio’ a la alta casa de estudios que actualmente cobija mis abstracciones filosóficas, y manosear el nombre ilustre de Vieytes, como si no se tratara de un patricio que saltó a la Historia Nacional desde una modesta jabonería. Sin embargo, tres razones me incitan a recoger su invitación: 1ª la santa humildad que me viste de pies a cabeza y me ha obligado siempre a no desoír el reclamo de ningún idiota; 2ª el desafío que se oculta en un mensaje (y no soy hombre de rechazar un desafío a cualquier empresa humana o divina); y 3ª la circunstancia por demás enojosa de que hoy se alojen en este venerable instituto un Napoleón anacrónico y un Mahatma Gandhi occidentalizado hasta los tuétanos. Cocine usted su bodrio al calor oficial de mis testículos: nibil obstad. Firmado: Samuél Jonás II.”
“Posdatas: 1ª bajo el exterior del tal Gerónimo Capristo, más que la proverbial astudia de un lince se oculta la sutileza proverbial de un ganso. 2ª Conserve usted este manuscrito: su valor fiduciario es incalculable, y los coleccionistas, en su angurria, olfatean desde lejos estas gangas. 3ª El tenor de estas líneas le demostrará que sigo cuerdo hasta la locura. Vale.”

 

 

 

 

 

 

Leopoldo Marechal. Megafón o la guerra. Bs. As., Planeta. 1999. 3ª ed. Pp 33-4.

presentación

In dimensiones on febrero 22, 2009 at 1:36

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se muestra con un perfil heteróclito
una mezcla fugaz
de elementos de otras permanencias

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